junio 6, 2013

MEDITERRÁNEO!

MEDITERRÁNEO!

Josep Piera*

  Me he sentido mediterráneo cuando en una isla griega, entre olas que cantaban como sirenas escondidas, leía Homero teniendo delante el cabo de Leucada desde donde, según la literatura, Safo se suicidó lanzándose al mar. Y comiendo pulpo asado acompañado de vino resina en un pequeño puerto blanco del Egeo recordando unos versos de O. Elytis. Y cuando en Súnion leía el nombre grabado en la piedra de lord Byron y recitaba en silencio la evocadora elegía de C. Riba.

   Me he sentido mediterráneo cuando en Estambul las gaviotas volaban por el cielo y los altavoces de los minaretes lanzaban versículos coránicos al aire y por las calles unos niños ofrecían cerezas maduras en cucuruchos hechos con hojas de periódicos.

   Me he sentido mediterráneo contemplando iglesias ortodoxas convertidas en corrales de gallinas en un lado, y viendo al otro lado como se derrumbaban las mezquitas otomanas. 

  Me he sentido mediterráneo en Rodas imaginando el Tirant combatiendo en las murallas medievales y encontrando casas góticas y escudos con las cuatro barras esculpidos en una vieja pared. Y cuando acariciaba una Afrodita de mármol en un pequeño museo local.

   Me he sentido mediterráneo en una estación de Atenas mientras un muchacho ciego tocaba el acordeón, en una oscura Termini pasoliana, en la de El Cairo una mañana mágica y con prisas por la de Sants en Barcelona o por la de València, recordando las velas y los vientos de Ausias March.

  Me he sentido mediterráneo en Palermo cuando comía aceitunas en un oloroso mercado, y mirando la Annunziata de Antonello, leyendo V. Consolo o G. Bufalino, y ante los templos de Selinunte o de un cuadro de Caravaggio en Siracusa.

   Me he sentido mediterráneo mientras me pelaba una mandarina a gajos por la “corniche” de Alejandría, sintiendo un olor agrio en los dedos y un sabor dulce en los labios, mientras un amigo recitaba Kavafis, otro Ungaretti y un tercero un antiguo poeta árabe de Tortosa llamado Abu Bakr.

  Me he sentido mediterráneo en Procida viendo el balanceo de unas barcas y leyendo Elsa Morante y tomando un café. Y a Sorrento, escuchando Lucio Dalla cantando Caruso y paladeando a sorbos un “limoncello” en la terraza pompeyana de un café. Y en les ruinas de Herculano y en las del presente más cruel.

  Me he sentido mediterráneo en Nápoles admirando el arco triunfal del rey Alfonso El Magnánimo, tomando una pizza a Port’Alba en compañía de Dante o tomando un café al Gambrinus con Oscar Wilde.

  Me he sentido mediterráneo en Argelia viendo grabada en una piedra una frase de Camus a la orilla rocosa del mar en Tipasa y pasando o paseando por una plazoleta que los antiguos emigrantes valencianos llamaban “La basseta”.

  Me he sentido mediterráneo en Marraquech cuando las calles olían a flor de azahar, sentía la voz del muecín en un atardecer rojizo en Jemaa el Fnà; y si en el desierto alguien me ofrecía “ma” en una jarra de barro.

 Me he sentido mediterráneo leyendo Pla en la Toscana o en Cadaqués, leyendo a Lorca en Granada o en Nova York, a Costa i Llobera en Formentor… Y buceando en el mismo mar de algas azules que Barceló.

  Me he sentido mediterráneo en València leyendo versos de Llorente o de Estellés, mirando una marina de Sorolla o comiendo una paella con Fuster en Cullera a la orilla del rio Júcar… 

  Y me siento mediterráneo en mi casa y con los míos, en el pequeño valle de la Drova/València donde vivo  y…

  Yo no es que sea mediterráneo es que me siento ser así.

*Josep piera és poeta, escriptor i membre del Cercle de valència de l’Assemblea de Ciutadans i Ciutadanes de la Mediterrània.

Levante-EMV. Valencia, 2 de junio de 2013

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